Y al final, terminaré buscándome un amante. Alguien que me mueva por dentro, que me haga tener ilusión por algo, que me escuche, que se ría conmigo, que no me pida explicaciones, que sonría siempre, que haga que me sienta querida, importante para alguien. Un amante que me lleve a gozar sin freno en ese par de horas que robaremos a la rutina. Que sea dulce, comprensivo y discreto. Cómplice y apasionado. Un complemento para mi alma. Y entonces ¿para que me he casado? Pasaré más tiempo con mi amante que con mi marido. Tendré que mentirle a él o a mí misma. Buscaré excusas donde ya es imposible encontrarlas. Me volveré loca haciéndome cientos de preguntas.
¿Sabes qué? Que no me caso por mucho que insistas. A estas alturas, al fin del mundo me voy pisando yo el acelerador. A no ser que me lo pidas tú. Jajajajajajajaja.