sábado, 10 de junio de 2017

QUE SUENE LA MÚSICA

Dicen que hay canciones que al escucharlas se convierten en personas. También dicen que aquellas que más escuchas o te gustan, en realidad son la historia de tu vida. Esto creo que me lo acabo de inventar, pero ha quedado bien.

A veces me pregunto el motivo por el cual la música resulta imprescindible en mi vida. Nunca he sido una gran melómana, siempre me ha costado escuchar un disco completo por mucho que me gustara el cantante. Sin embargo, no puedo vivir sin música. Y al decirlo, al escribir la palabra, siento un leve escalofrío de esos que hacen que se llene el pecho de aire y casi cueste respirar durante un segundo.

En este punto debo de hacer referencia de nuevo a mi sofá. ¡Es que es un lujo! Y a la ventana de mi salón por donde ahora mismo entra el sol y me permite tener una de esas sensaciones que no tienen precio. Silencio fuera, algún pájaro saluda y algún ruido de cubos de basura recogiéndose. Poco más en una mañana en la que me he levantado muy temprano y el café me ha sabido especialmente rico.

Volviendo a la música. Últimamente escucho mucho esta https://youtu.be/mTZMjlDQzuI . No entiendo muy bien porqué hay canciones que de pronto tengo la necesidad de escuchar una y otra vez. En este caso, son unos segundos de piano que no dejan de parecerme sublimes.

Este es otro ejemplo de esas canciones que siempre aparecen https://youtu.be/QYEC4TZsy-Y. Y sin entender inglés. Eso tiene más mérito, me refiero a la canción obviamente.

Y termino este detalle musical (cursilería total). ¡Qué raro todo!
Con una de las que me hace subir el volumen hasta los puntos rojos y gozar. https://youtu.be/wTP2RUD_cL0

¡Estupendísimo fin de week!

miércoles, 7 de junio de 2017

¿QUÉ QUIÉN SOY? PUES YO, ANA.

Cuando era pequeña; lo primero que quise ser de mayor fue maestra. Ponía mis muñecos en fila y les daba unas clases magistrales, aunque lo que me molaba de verdad era regañarles porque hablaban y castigarles mirando a la pared. Luego pasé a coger un lápiz a modo de micrófono y con mi tocadiscos chulísimo sobre el escritorio, soñé con ser cantante. Más tarde me dió porque quería ser geo. Si, el corrector no ha sido, lo he escrito yo, geo. Pero pensar en subir por paredes escarpadas me desanimó mucho. Pasé también por directora de orquesta, reportera de guerra, locutora de radio, actriz, filosofa y con 16 años decidí que quería ser funcionaria. Del Estado, eso sí. Yo siempre a lo grande.

Algunos años más tarde miré hacia atrás y me di cuenta de que no era nada de lo que había deseado e imaginado que sería. Estaréis pensado donde quiero llegar. Pues no penséis tanto que ni yo lo sé ahora mismo.

Y ahora, en este momento de miércoles relajado me doy cuenta de que en realidad he sido todo aquello. Porque en algún momento de mi vida asi lo viví y lo sentí. ¿Qué es lo que quiero decir? Pues que no vivimos solo una vida, que cada momento, cada instante, cada experiencia y cada deseo nos hace ser alguien diferente. Que no somos solo Ana, María, Pedro, Luis, Lucía, Javier, Antonio o cualquier nombre inventado. Que como digo siempre el libro de nuestra vida al final del camino debe de ser enorme, con miles páginas escritas, dibujadas, subrayadas... Que releer no debe de avergonzarnos ni hacer que nos arrepintamos de nada. Debe de hacernos sonreír, emocionarnos y sentir. 

No soy nada de todo aquello. He llegado hasta aquí conservando siempre ilusiones, deseos, teniendo anhelos, llorando mucho en ocasiones y riendo otro tanto. Sin pudor a querer, a mirar a los ojos y hablar. Con miedo que siempre se ha contrarrestado con valentía.

Soy yo, Ana. Muy Ana como ya escribí en una ocasión. Una Ana llena de caminos, bifurcaciones, atajos, callejones sin salida, praderas soleadas, paseos placenteros, soportales lluviosos y mar.

En realidad, creo que sigo siendo aquella niña tumbada en el suelo de su habitación llenando hojas de palabras escritas en forma de poemas. Creo que sigo siendo la de siempre, con algunas cicatrices, desengaños, kilómetros de amor, alguna arruga en el alma, más sabiduría, conservando la inocencia, habiendo aprendido del dolor y vivido instantes de felicidad. Esa soy yo, Ana.

domingo, 4 de junio de 2017

LA VIDA SIGUE

Es una de las frases que más utilizamos en todo tipo de circunstancias ¿verdad? La vida sigue. Curiosamente al decirla nuestro gesto suele ser de resignación. Pocas veces es de "me pongo el mundo por montera" y que se prepare la vida que allá voy.

No sé si me explico.

Tengo diez minutos para explicarlo antes de empezar a prepararme y bajarme al Retiro dando un paseo, llegar a la caseta 330 y ver a un tipo estupendo al que considero un amigo, firmando ejemplares de su libro. Un tipo que un día dijo la vida sigue. Y lo hizo con valentía.

Ya me quedan solo seis y estoy algo atascada frente a un puñado de ideas que se pelean por convertirse en palabras.

No sé si mi gesto es de resignación, tristeza, rabia, impotencia o rebeldía. No me gusta una mierda esa frase con regusto a fracaso y conformismo. Me he pasado ya un minuto y me estoy poniendo tensa porque soy una jodida histérica de la puntualidad.

Sigue, si. Y me pregunto si me gusta como lo hace. Y la respuesta es no. Y me toca las pelotas. Y ahora iría un "pero..." Pues no me da la gana ponerlo.

Y la mía sigue como la de todos. Solo espero que nunca deje de tocar las narices ya entonces tendría que poner esa cara de resignación y no estoy por la labor.

Dioss, ocho minutos más de lo previsto. Os dejo, que después de ducharme y ponerme mona, ponerse al mundo por montera lleva su tiempo. No olvidéis que la vida sigue como tú quieras que lo haga ; )

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