Me aburren mucho las memeces, así que dejemos las cosas como están vaya a ser que termine siendo una necia y caiga en la zafiedad. No dejaría de ser culta pero sin ningún estilo. Y eso no, eso nunca. El estilo es lo que nos diferencia a las señoras que nos vestimos por los pies y con escote, del resto de la especie. Así que me planto con medias de reyes y 31. ¿Qué es la vida? Una partida de mus. ¿Juegas?
miércoles, 14 de marzo de 2018
¿QUÉ ES LA VIDA?
Me aburren mucho las memeces. Me desagradan las personas necias y la zafiedad me irrita. ¡Qué ganas tenia de utilizar estas dos palabras desde hace tiempo! Son súper cultas ¿no? Mi ironía está crecida ¿se puede tener eso? No lo tengo claro, pero como escribo yo y este es mi blog, hago lo que me da la gana. Porque entre otras cosas, yo lo valgo. Tengo ganas de algo (mira tú qué rima me ha salido), el problema es que no sé de qué. Dudo, lo que significa que existo y en estos tiempos que nos ocupan, ya es bastante. Me apetecería ser una persona diferente por un día. Alguien egoísta, malintencionada, falsa y traicionera. Buff, que nervios solo de pensarlo. Me cuesta hasta decirlo en voz alta. No, eso no, me da pereza. Voy a pensar en otra cosa, quizá podría ser tonta por un día. Con un poco de empeño yo creo que lo lograría (ni en el colegio me quedaban así de bien los pareados). Y entonces no sabría de antemano lo que me van a decir los demás, no me daría cuenta de nada porque estaría en la parra desde por la mañana. Mi mayor preocupación sería pintarme los labios cada media hora y mirar el wasap para ver cómo va la quedada con mis cuqui-amigas. Sería tonta el día entero y por la noche me creería todo lo que ese tío cañón me contara al oído entre risitas tontas. ¡Jo, qué guay! Tampoco, no me convence y además solo de pensarlo estoy poniendo cara de estreñida. Ayyy, que difícil es pensar esto de ser alguien diferente aunque solo sea por un día.
domingo, 11 de marzo de 2018
MIRAR Y VER
Hay momentos en que exhausta dejo que sea la historia la que me escriba a mi y no al contrario. Esto tiene una lectura clara y evidente ¿no? Cuando estás cansado, tus piernas pesan un quintal y medio (uno es poco), el camino se te hace muy cuesta arriba y en la mochila ya no quedan víveres. Es entonces cuando te sientas en el primer pedrusco que ves y dejando caer todo, hasta tu alma, decides que no puedes más y gritas ese “a la mierda” que tanto desahoga.
Mirando a tu alrededor no encuentras nada que te de un mínimo de esperanza de que vayas a salir de allí con vida. Resoplas, suspiras, sollozas. Gritos ahogados, lágrimas del alma que se vuelven puñales en tu interior. Y te haces la misma pregunta una y otra vez. Miras hacia arriba, a los lados, al suelo, al abismo y no hay nada que sentir. Las manos en la cara, los ojos empañados y el latido retumba. De pronto la historia comienza a escribirte, te crea, te lleva, te sorprende. Te quedas quieto escuchando y suena una canción. Y la historia hace que muevas ligeramente tu pie izquierdo; nada más. No puedes mover nada más hasta que lentamente vas levantando la cabeza, sientes ligeramente los dedos en tu rostro acariciar los ojos. Sigue sonando la música, cada vez la escuchas más alto y la historia comienza a sonreírte. A partir de ese momento dependerá de ti, solo de ti, decidir si esa es tu canción y quien de los dos termine contando el final. Tarareo.
domingo, 18 de febrero de 2018
DECISIÓN
¿De qué se puede escribir después de haberlo hecho sobre la soledad? Se me ocurren varias opciones: sobre el amor, la amistad, la familia, la pasión, la decepción, el desengaño, el hastío.. ¡Uy! Me estoy viniendo abajo y hoy hace un día despejado y bonito, no puede ser. Pues no voy hacerlo sobre nada de eso, mira tú por dónde. El cursor parpadea esperando a que me decida. Miro mis pies apoyados sobre el brazo del sofá y pienso. Puedo hacerlo sobre mi, sobre otros o sobre alguien. Puedo inventarme una historia y que al final tenga más de realidad que de ficción. Puedo dejarme llevar o por el contrario estructurar en mi cabeza una fórmula matemática que quizá me lleve al mismo sitio, o quizá no.
He leído antes una entrada que publiqué hace hoy un año sobre el enamoramiento y me he quedado pensando. Hace un par de semanas me hicieron la misma pregunta que entonces. ¿Te has enamorado muchas veces? ¡Qué manía! Qué afán tiene la gente a veces por saber cosas como esas. A mi nunca se me ocurriría preguntarle eso a alguien. Seré rara, más de lo que creo. No lo sé, respondí de nuevo. Y mi respuesta volvió a sorprender a mi interlocutor. Muchas, pocas, nunca, siempre, todo, nada... ¡Qué pereza, oiga! ¡Qué afán por tener que ser todos iguales! ¡Qué no! Voy a seguir sin contestar a preguntas absurdas. Continuar diciendo lo que piense a pesar de todo. No dejaré de ser yo misma por complacer al otro. Quien quiera sonreír a mi lado que lo haga y el que no, que pulse el botón y se baje en la próxima parada. En cuanto mejore el tiempo me voy a ir a andar todas las tardes. Voy a ir a clases de canto. Por cierto, el viernes por la noche y de casualidad me topé con un sitio precioso, Frida se llama. Si, decididamente tengo que ir. Si hay algo que me gusta es eso. La decisión.
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