jueves, 12 de abril de 2018

ABRIL

Cuando hace muchos años pensaba que algún día tendría una hija, Abril era un nombre que me gustaba para ponerle. Utilicé durante algún tiempo una colonia que se llama así, no porque me gustara el olor especialmente, Sino por el nombre. Embarazada de mi hijo lamentaba que no fuera en abril cuando saliera de cuentas y naciera así es ese mes. La canción de Sabina ha sido una de mis preferidas siempre. Y ahora, como canta Ana Belén, se detuvo abril y el cielo rojo y gris...

Abril me ha robado una parte de la inocencia que aún me quedaba, se ha llevado la posibilidad de seguir debatiendo, discutiendo, reflexionando y caminando con él y a su lado. Abril me deja huérfana, con un montón de lágrimas que se resisten a salir, con el corazón encogido y mil recuerdos en mi cabeza que se agolpan sin ningún orden.

Me he quedado sin su voz, sin esa mirada llena de ternura, sin poder ver más su eterna sonrisa. No podré coger más su mano, la misma que no he soltado ni un minuto en tres días de desasosiego y dolor. Abril me deja la perplejidad, el vacío, el hablar de él en pasado.

Cuando hace muchos años pensaba que él sería eterno, tenía razón. Soy como soy por él en gran parte, mi hijo lo es por él y los hijos de mi hijo lo serán igualmente.

Aprendí de mi padre millones de cosas pero creo que la más importante ha sido entender que la vida es hoy, ni ayer ni mañana. Me siento tranquila y muy, muy orgullosa.

Se detuvo abril el día 9, pero solo unos instantes, los suficientes para coger aire de nuevo y seguir caminando. 


viernes, 6 de abril de 2018

DE ÉL APRENDÍ A LUCHAR

Hace unos días escribía que nada es para siempre y el cosmos, supongo, hoy me da la razón.

Es cierto también eso de que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. O como en este caso, exista el riesgo de hacerlo.

También comulgo con ese decir de que nos preocupamos demasiado de cosas banales y dejamos a un lado lo verdaderamente importante. Y que siempre tiene que pasar algo malo para darnos cuenta de ello.

Hace un par de años escribí sobre mi padre, le dediqué palabras en su ochenta cumpleaños, hoy quiero hacerlo en nuestra lucha por salir de esta como ya lo hemos hecho de unas cuantas.

De él he aprendido que todo es posible si crees en ello y no te rindes. Me ha enseñado a no ver nunca el lado negativo de las cosas ni de las personas. He aprendido a confiar en mí misma ante cualquier adversidad. Mi padre me ha enseñado que a veces la vida no es fácil pero nunca hay que rendirse.

Tengo la seguridad de que él está luchado desde ayer en esa cama del hospital. Intentaba hablarnos y se cabreaba por no poder hacerlo, apenas un susurro salía de su boca y el aparato que le controla la tensión comenzaba a pitar.

No ha llegado la hora, lo sé. Como decía anoche mi hijo: “mamá tranquila, el abuelo está hecho un toro”. Tengo la fortuna de poder decir que tengo un padre tremendamente generoso, valiente, terco y optimista. Aunque sea un mamonazo y se tome la medicación cuando le sale de los güevos. Seguro que muchos estáis sonriendo ahora mismo y pensando que me entendéis muy bien. ¿A qué sí?

Sr Melgosa, vamos a por ello. Nunca nos podrán tachar de cobardes. Te quiero papá.

viernes, 30 de marzo de 2018

CARPE DIEM

¿Quién nos ha engañado con eso del para siempre? Nadie. Nos dejamos engañar a cada paso, cada día, cada instante. Creemos que de esa manera vivimos más seguros, atesorando cosas y personas.

El para siempre no existe. No somos amigos para siempre, nuestros padres no estarán ahí para siempre, nuestros hijos dejarán de ser pequeños, la vitalidad se irá transformando, la tersura de la piel se convertirá en surcos mejor o peor llevados. El edificio que conocemos desde niños desaparecerá entre escombros, la cerveza fría terminará siendo caldo y el coche con el que tantos kilómetros hemos hecho se  convertirá en chatarra. Nada permanece para siempre, ni tan siquiera el amor.

No somos conscientes de lo efímeros que resultamos, pensamos que vamos a estar aquí por los siglos de los siglos y no es así. Y ese es el motivo por el dejamos de hacer miles de cosas y de sentir por miedo.

Hace años yo creía que aquello sería para siempre. Mi deseo era sentarme a su lado en aquel porche, con el pelo cano y ver el atardecer en silencio en uno de los lugares más bellos del mundo, allí donde el sol se esconde en aquel gran horizonte. Quería, pensaba, sentía que aquello era para siempre.

No fue así y cuanto antes nos demos cuenta de eso, antes comenzaremos a aprovechar esta eventualidad que es la vida. El Carpe Diem en los tiempos que corren se interpreta incorrectamente. Se asocia en ocasiones a falta de compromiso, vida disoluta y ausencia de responsabilidad. Si, el sentido común en esta sociedad tampoco es para siempre.

Hoy estoy aquí, sentada en mi sofá rojo, tomándome un té, con las gafas puestas y escribiendo esto en mi teléfono. ¿Por cuanto tiempo? Ni lo sé ni mi importa. Carpe Diem y que digan lo que quieran. No te quedes parado esperando por nada ni por nadie, no dejes de hacer aquello que te hace sonreír pensando en el qué dirán. Sigue tarareando aquella canción mientras caminas, no dejes que a tu pecho le cueste respirar. Que no te asusten las despedidas ni la soledad. Abraza, besa, ríe hasta llorar, baila con la vida. Todo llega, todo pasa y nada es para siempre. 

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