domingo, 9 de diciembre de 2018

CADA DÍA

Hay que pasarlo, lo sé. Tienen que llegar todas las fechas importantes en las que él no esté. Se acerca mi cumpleaños y junto con el último día del año sé que son las más difíciles. Intento mantenerme lo más fuerte posible, pero no puedo. Y eso que rechazo ese pensamiento. “No puedo” no está en mi repertorio vital, siempre se puede aunque cueste. Siempre se puede si se quiere.

Volveré a levantarme como he hecho hasta ahora aunque he de reconocer que cada derrota me deja débil y con menos fuerza. Solo espero no acostumbrarme nunca a la pérdida.

No recuerdo cuando fue mi último cumpleaños feliz, intuyo que por varios motivos, este tampoco lo será.

sábado, 1 de diciembre de 2018

DAÑOS COLATERALES

Sentada en el coche, mi fiel compañero en momentos de soledad y reflexión, siento el sol en mi cara. Ha amanecido algo nublado o quizá haya sido yo la que se ha despertado triste.

Hace un rato bajé a la pastelería donde me gusta desayunar algún sábado. Sentada frente a la puerta, con la mirada perdida al igual que mi pensamiento, extendía el tomate por el pan y de pronto se ha acercado a mi una señora que estaba detrás. Era pequeñita, no muy joven, llevaba un gorro y una bufanda a juego en tonos lilas. Y me dice bajando el tono de voz e inclinándose ligeramente hacia mi: “Está riquísima la tostada, yo no me he pedido otra por vergüenza”. Me he quedado mirándola y he sonreído como hacía días. “Si, tiene muy buena pinta, ahora voy a disfrutarla yo”, he respondido. Me he quedado mirando como salía y sin dejar de sonreír pensaba en que estaba segura de que era un ángel. Si, si, yo creo en ellos. Y en las hadas y en los hilos rojos.

Sentada como digo en mi coche y dejando que el sol me energetice (si no existe la palabra, ya la he inventado yo) he estado compartiendo palabras con alguien al que no conozco personalmente pero si su interior. Sonreía pensando en lo curiosa que es la vida. Ahí estaba yo, dando mi opinión a alguien sobre su relación con mi amiga, intentando ayudarle a él a encontrarse a sí mismo cuando en este momento yo me siento tan perdida.

¿Sabéis que son los daños colaterales? Pues una puta mierda (perdón por la expresión, pero relaja mucho). Cuando se habla de ellos se pone cara de pena y se encogen los hombros ¿verdad? Así me siento yo ahora mismo, como un puto daño colateral. Pues ¿sabéis dónde los voy a mandar? A TPC con las luces rojas, porque esta vez no me rindo y los consejos que vendo para mi si tengo. Espacio, tiempo, paciencia y reflexión. Eso si, hacia adelante y sin dejar de luchar por lo que sabes que es.

jueves, 29 de noviembre de 2018

LUCES ROJAS

Hace poco tiempo que aprendí que es eso de las “luces rojas”. No, no me refiero a los clubes de carretera. ¡Ay madre, que me lío! Es verdad que he escrito antes sobre miedos y miserias, quizá sea lo mismo dicho de otro modo.

Es curioso, ya que se supone que según vamos cumpliendo años y acumulando vida, debemos de estar más seguros de nosotros mismos y afrontar las cosas con mayor madurez y experiencia. Así debería de ser, pero parece que no pasa siempre.

Lo peor de todo es que en ocasiones esas “luces rojas” no hemos sido nosotros quienes las hemos creado, sino precisamente esa vida que ha sido injusta tantas veces. O mejor dicho personas con las que nos hemos cruzado. Devolviéndonos un golpe donde nosotros habíamos dejado un abrazo, dejándonos fuera allí donde habíamos llegado con tanto esfuerzo. Recompensando la confianza con una traición. Haciendo que nos sintamos siempre perdedores a pesar de batallar como titanes.

No me gustan nada “mis luces rojas”. Me producen inseguridad, desconfianza, desasosiego, un miedo terrible a sentir que de nuevo, perdí. Y me da un coraje tremendo porque yo no era así. ¿Esto es madurar? Pues vaya mierda.

¡Quiero recuperar mi inmadurez! Y confiar y sentir sin ahogos y reírme hasta llorar y que me duela la barriga. Quiero mirar de frente y no estar pendiente de mi espalda. Quiero volver a ser yo y sentir que si, que por fin gané aquello que merecía desde hace tanto tiempo, desde siempre.

Voy a poner empeño en mandar a TPC a esas “luces rojas” que me caen tan mal, tanto como el corrector del Wasap que pone lo que quiere y sin mi permiso. No, que no quiero dejar de ser como he sido siempre, como aprendí de mi padre. Positiva, confiada, alegre y buena. ¡Que poco se lleva eso de ser bueno! Desde que nací me tocó estar en este lado y nada ni nadie me va a mover de él.

¿Seré para siempre una inmadura? Pues lo seré y el colmillo retorcido se lo dejo a otr@s. ¿Lloraré? Pues si, así tendré los lagrimales bien hidratados. ¿Me harán daño una y otra vez? Espero que no, joder. Y si es así, el karma será justo. 

Las luces que sean de colores, de muchos colores. Y a vivir.

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