martes, 11 de diciembre de 2018

INOLVIDABLE

Me he despertado con la misma sonrisa con la que me acosté anoche. Nuevamente pasan por mi cabeza momentos del concierto de ayer. Y vuelvo a sonreír cuando Dani Martín cantó una preciosa “Las cuatro y diez” y agradeció a sus padres haber compartido con él las canciones de Aute. Sonrío recordando cuando salió al escenario Rosa León y todos gritábamos emocionados ese comienzo “Si te dijera amor mío ...”, quedando sin voz en la parte del estribillo. “Al alba” es una de las canciones clave de una generación, la mía.

Enorme esa Massiel inesperada, con una fuerza contagiada y ese “Rosas en el mar”. Espectacular Miguel Poveda llevando a su terreno una de las canciones más bonitas de Aute “Prefiero amar”.  Una emocionada Rozalén que tuvo que dejar de hablar porque casi se echó a llorar recordando que “La Belleza” fue la primera canción que ella aprendió a tocar con la guitarra.

Insuperable el final que nos regaló Marwan de “Siento que te estoy perdiendo”.  Ismael Serrano dando ese toque tan personal suyo a “Mira que eres canalla”. Jorge Drexler se cargó el “Slowly” pero que le vamos a hacer... José Mercé, como no Suburbano, un joven Andrés Suárez con una tremenda sensibilidad, Luis Pastor y esos dos o tres segundos de ternura y que me llevaron al ínsti cuando con la misma melena, pero no blanca, iba a cantar y nosotros con él, que tenía que llover y a cántaros.

Y no tengo palabras y mi sonrisa se instala en mi cara si pienso en Víctor, en Ana, en Serrat, en Sabina, en Silvio... Y como no, aunque anoche no estuviera allí, en Aute. Y me emociono mucho y lloro porque son una parte importantísma de mi vida. Son mis ilusiones, mis ganas de luchar, mis manifestaciones, mis melancolías, mis gritos en las concentraciones, esa utopía añorada tantas veces, mi identidad...

Las letras de sus canciones que gritaba hasta quedar afónica unas veces o hacían que mis lagrimas fluyeran sin permiso otras. Ellos me han regalado su MÚSICA y su AMOR por ella. Por eso anoche, viéndolos y escuchándolos a todos me sentí feliz. Porque en mi vida, en mí interior, no necesito nada más que esas dos cosas.

domingo, 9 de diciembre de 2018

CADA DÍA

Hay que pasarlo, lo sé. Tienen que llegar todas las fechas importantes en las que él no esté. Se acerca mi cumpleaños y junto con el último día del año sé que son las más difíciles. Intento mantenerme lo más fuerte posible, pero no puedo. Y eso que rechazo ese pensamiento. “No puedo” no está en mi repertorio vital, siempre se puede aunque cueste. Siempre se puede si se quiere.

Volveré a levantarme como he hecho hasta ahora aunque he de reconocer que cada derrota me deja débil y con menos fuerza. Solo espero no acostumbrarme nunca a la pérdida.

No recuerdo cuando fue mi último cumpleaños feliz, intuyo que por varios motivos, este tampoco lo será.

sábado, 1 de diciembre de 2018

DAÑOS COLATERALES

Sentada en el coche, mi fiel compañero en momentos de soledad y reflexión, siento el sol en mi cara. Ha amanecido algo nublado o quizá haya sido yo la que se ha despertado triste.

Hace un rato bajé a la pastelería donde me gusta desayunar algún sábado. Sentada frente a la puerta, con la mirada perdida al igual que mi pensamiento, extendía el tomate por el pan y de pronto se ha acercado a mi una señora que estaba detrás. Era pequeñita, no muy joven, llevaba un gorro y una bufanda a juego en tonos lilas. Y me dice bajando el tono de voz e inclinándose ligeramente hacia mi: “Está riquísima la tostada, yo no me he pedido otra por vergüenza”. Me he quedado mirándola y he sonreído como hacía días. “Si, tiene muy buena pinta, ahora voy a disfrutarla yo”, he respondido. Me he quedado mirando como salía y sin dejar de sonreír pensaba en que estaba segura de que era un ángel. Si, si, yo creo en ellos. Y en las hadas y en los hilos rojos.

Sentada como digo en mi coche y dejando que el sol me energetice (si no existe la palabra, ya la he inventado yo) he estado compartiendo palabras con alguien al que no conozco personalmente pero si su interior. Sonreía pensando en lo curiosa que es la vida. Ahí estaba yo, dando mi opinión a alguien sobre su relación con mi amiga, intentando ayudarle a él a encontrarse a sí mismo cuando en este momento yo me siento tan perdida.

¿Sabéis que son los daños colaterales? Pues una puta mierda (perdón por la expresión, pero relaja mucho). Cuando se habla de ellos se pone cara de pena y se encogen los hombros ¿verdad? Así me siento yo ahora mismo, como un puto daño colateral. Pues ¿sabéis dónde los voy a mandar? A TPC con las luces rojas, porque esta vez no me rindo y los consejos que vendo para mi si tengo. Espacio, tiempo, paciencia y reflexión. Eso si, hacia adelante y sin dejar de luchar por lo que sabes que es.

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