domingo, 10 de junio de 2018

POCO A POCO

Mañana es 11 de junio y el Sr. Melgosa hubiera cumplido 82 años. Se quedó cerca. Estos días me he acordado especialmente de él, de lo que hubiera disfrutado viendo a Rajoy marcharse. He imaginado llegar a su casa y decirle sonriendo: “Papá, ¿qué te parece?”. He visto su expresión pícara y su gesto de alegría.

Dos meses ya, tiempo insuficiente para acostumbrarme a vivir sin él cerca. Hay días en los que me resulta muy complicado contener las lágrimas a cada instante. Cuando pienso en que “mi padre ha muerto”, no puedo frenar esa inmensa pena que siento.

Si, ya lo sé, poco a poco. Pero ese poco a veces se convierte en algo que pesa muchísimo y más cuando todavía no puedo hablar con él. Entonces me doy cuenta de todo el camino que resta hasta pasar el luto. Momento en el que ya lo habré aceptado y todo será más fácil, supongo.

Son tantas las cosas y los momentos que me llevan a él... Tanto compartido, peleado, discutido. Codo con codo, con cariño, con respeto, con amor.

Mañana mi padre habría cumplido 82 años, yo me tomaré un chato y brindaré “Melgosa, va por ti”.

domingo, 27 de mayo de 2018

PARES E IMPARES

Y de pronto viene a tu cabeza un recuerdo. Eres capaz de escuchar las risas, la voz de aquella persona, su manera de mirar en aquel instante. Puedes sentir sus dedos jugando con los tuyos, el roce de sus labios en tu boca. Es el momento de decidir si aquel recuerdo te hace daño o por el contrario eres capaz de acurrucarte en él sin más. De sonreírle y seguir hacia adelante.

Suena aquella canción que se convierte en él y piensas que ya son cuatro años los que han pasado desde entonces. Piensas que todo fue un engaño, que aquellos ojos estaban llenos de mentira mientras tú los mirabas convencida de que era amor. Y te das cuenta de que sí existen los cuentos de hadas aunque tú no seas una princesa.

Me he dado cuenta de que en los años pares recuerdo ciertas fechas y en los impares otras diferentes. Está bien porque así no agobian dando el coñazo un año detrás de otro. Siempre me ha llamado la atención eso, la anarquía de mi pensamiento, la libre disposición de mis recuerdos. Como se acercan a mi cuando ellos quieren y no porque yo les llame o necesite.

Me resulta interesante la necesidad del alma en ocasiones de sentir algo concreto al tiempo que la cabeza se sorprende. Y pienso y siento que poco a poco voy creciendo, que el libro de mi vida va teniendo aquello que siempre he deseado, páginas y páginas escritas. Subrayadas algunas líneas, dibujos al margen, rotuladas palabras y algún tachón.

No decido si el recuerdo me hace daño o por el contrario lo abrazo perdonando. Será cuando releea el momento de darme cuenta.

Hace algún tiempo el cosmos me enseñó a fluir y por ello le estaré eternamente agradecida.







viernes, 27 de abril de 2018

REFLEXIÓN ANIMAL

Me pronuncio de nuevo en un momento de protesta real y golpes de pecho asquerosos. Muchas veces he escrito sobre nuestra responsabilidad en la educación de nuestros hijos. Me pregunto cuantas personas de esas que han puesto en sus perfiles lemas de moda no han dicho o pensando en algún momento e incluso delante de sus hijos eso de: “Mira esa cómo va, pidiendo guerra”. Me repugna la doble moral, la ausencia de responsabilidad, me da mucho asco la gente que diferencia mujeres y hombres. Este es un país pobre, pero no ya de dinero, si no de valores.

A mi hijo con 6 o 7 años un chaval le dijo: “Quita negro”. Eso no se le ocurre a un niño de esa edad. Tampoco se le ocurre a un chaval de 10 años decir de su profesora que es una vaga porque no ha corregido los exámenes durante el fin de semana. Desde pequeños reproducimos comportamientos y somos loros de repetición de lo que escuchamos en casa. Pero eso si, luego somos todo indignación. ¡Qué pereza! ¡Qué hastío y que aburrimiento!

¿Que las leyes deben de cambiarse? Por supuesto. Pero no servirá si no dejamos de juzgar, de criticar, de envidiar, de chafardear permanentemente. Ocupémonos de que nuestros hijos aprendan a ver personas, aprendan a sentirse parte de un todo. Aprendan y valoren a los demás sin ver color, tamaño o sexo. Lo más triste es que ellos lo traen de serie pero somos los adultos, muchos de esos que hoy están tan indignados, los que les enmierdamos. Miremos un poquito más hacia dentro y hagamos examen de conciencia de vez en cuando.

Se me atragantó la manada. Salud.












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